Por qué no funciona el “NO A LA GUERRA”

no a la guerra

Por qué no funciona el mensaje “No a la guerra”

Muy sencillo: Cuando nos enfocamos en lo que no queremos, el cerebro no registra la palabra NO. Por eso conseguimos el efecto contrario. 

El presente conflicto armado entre Rusia y Ucrania nos vuelve a ofrecer una dolorosa oportunidad de revisar nuestros propios conflictos interiores y aprender cómo favorecer de verdad la paz. De hecho, es imposible resolver un conflicto de este calibre colectivamente, pero cada unx podemos aportar nuestro granito de arena individualmente.

Es muy difícil, por no decir casi imposible, ver lo que está pasando y no sentir miedo, tristeza, rabia, impotencia y reaccionar contra ello.  Se nos llena la boca con lo que no queremos, lo injusto, lo intolerable y, así, estamos atados a ver sólo eso que precisamente queremos eliminar. Si nos damos cuenta, desde esa posición no estamos más que alimentando energéticamente la lucha.  Y no se trata de la típica frase “pachulista-jipilongui” de “mercadillo espiritual”. Si estás sintiendo todo el día cualquier combinación de esas emociones, esas son las gafas con las que vas a ver el mundo a tu alrededor, creando más lucha, más guerra. Todos los conflictos no resueltos en ti que resuenan con esas emociones van a salir proyectados fácilmente al menor estímulo externo: el conductor que te corta el paso, tu pareja que llega tarde, tu situación económica, tu problema de salud, cualquier cosa. 

Si lo quieres en lenguaje de física cuántica: Donde va la atención, va la energía,  de modo que mientras gritas “no a la guerra”, estás promoviendo todas esas emociones relacionadas con los conflictos bélicos.

¿Qué hacer, entonces? 

Evidentemente, no se trata de hacer la avestruz y pretender que no está pasando, pero tampoco de estar consumiendo noticias a todas horas que alimentan ese malestar interior, a no ser que sea para realmente hacer algo al respecto (enviar ropa, comida, etc). 

RECONOCER: Es importante reconocer y aceptar lo que estamos sintiendo y hacernos responsables de ello: yo también he hecho o he querido hacer daño o ver sufrir a otrxs, me he querido vengar en algún momento. A veces he sido víctima y a veces he hecho sufrir (queriendo o sin querer).

Una vez tomada nuestra responsabilidad sobre nuestras emociones y acciones, podemos elegir.

SÍ A LA PAZ: Elijo soltar, aceptar y mirar con amor lo que sucedió, aquello en mi historia que me hizo sentir así, tanto lo que hice o como lo que me hicieron. Ese es el sentido del perdón: ponerme en paz con lo que fue, elegir la paz y honrar la vida, tal como es. De este modo, dejo de mirar al conflicto y la muerte y me enfoco en la vida. VEO, HONRO Y DEJO IR TODO LO QUE SUCEDIÓ, el miedo, el dolor, la violencia. 

SÍ A LA VIDA: Esa vida que no puedo abarcar o comprender siempre, que a veces destruye y a veces crea, pero que me ha traído hasta aquí, en su infinito amor y sabiduría.  Ella puede encontrar ese camino hacia la paz colectiva que yo, desde mi pequeñez, no puedo. ELIJO LA VIDA.

El camino hacia la felicidad requiere de un corazón abierto.

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