La importancia de poner límites y cómo hacerlo

Hoy en día, en la mayoría de las situaciones expreso claramente lo que quiero. Verbalizo mis límites con bastante facilidad y fluidez. No me resulta tan difícil… AHORA. 

Hubo un tiempo en que cada vez que ponía un límite importante me sentía morir, casi literalmente.  Pensaba que me había vuelto loca, que mi visión de la situación estaba distorsionada (aunque tuviera la prueba en la mano de mi versión de los hechos) y que la/s otra/s persona/s me iban a tratar como tal y me iban a abandonar.

A pesar de que me aterrorizaba expresar mis límites, necesitaba cambiar mi forma de relacionarme. Antes de eso, me esforzaba por ser una “buena chica”, evitar el conflicto y complacer.  El resultado no era otro que el de una gran frustración y una baja autoestima.  Además, cuando los demás no hacían lo mismo me sentía abandonada y ninguneada, con lo que acababa explotando o alejándome yo.  No diré que ahora me salga siempre perfecto, pero este cambio ha mejorado significativamente mis relaciones, personales y profesionales, y mi sexualidad. Aunque empecé aprendiendo por ensayo y error, el Tantra y el Arte del Consentimiento me han ayudado mucho a comprenderme y a mejorar la forma de hacerlo.

Y es que desde niñ@s hemos aprendido a “ser bueno@s y obedientes” para conservar el afecto y la aprobación de nuestr@s padres y cuidadores, puesto que dependíamos de ellos. Ellos nos enseñaron que ser buen@ es obedecer a la autoridad y comportarte “normal”, es decir, como tod@s. Esto es muy perjudicial pues nos coarta el acceso a nuestra vitalidad creativa auténtica y nuestra autoestima. Si nadie se hubiera rebelado y puesto límites a situaciones y normas injustas seguiríamos en una sociedad pre-histórica. El movimiento #metoo, por ejemplo, es resultado de esa necesidad de muchas personas de alzar la voz y expresar sus límites.

El precio que pagas por ser “buen@”

Insisto: elegir complacer en vez de respetar tus límites conduce a la culpa, el victimismo, el resentimiento, la codependencia, la agresión y la depresión.

Especialmente en el sexo y la intimidad, los límites son cruciales. Nos permiten sentirnos segur@s, lo cual es imprescindible para abrirnos al placer. Sin ellos, podemos estar bloqueando nuestra sexualidad, o teniendo relaciones sexuales mecánicas, sin presencia, dificultando la conexión y la intimidad. La responsabilidad es tuya, igual que el derecho a disfrutar. Se necesita consciencia, conocimiento y práctica para ser sexualmente vulnerable y poderos@ sin perderte en el proceso. 

¿De quién es la responsabilidad de descubrir y mantener tus límites? Es tu trabajo. Cada vez.

El miedo a no ser querid@, a ser rechazad@, abandonad@ o ridiculizad@ puede llevarte a culpar a l@s demás, pero sólo tú tienes la capacidad y el poder de conocer tus límites y saber comunicarlos asertivamente. Todas las estrategias para evitar la incomodidad de expresarlos (como complacer, soltar indirectas, hacerte la víctima, esperar que adivinen lo que necesitas, o evitar la cercanía) no te van a dar la felicidad. Tampoco tú puedes hacer feliz a nadie. 

Tu felicidad está en ti. Su felicidad está en ellos.Y para poder tener relaciones auténticas y satisfactorias necesitamos tener conversaciones asertivas… y a veces incómodas.

Los límites no son obvios ni hay que adivinarlos

Es un error común, sobre todo en la pareja, creer que el otr@ nos lee la mente. Las personas tendemos a pensar que nuestros propios límites son obvios, normales y apropiados. Lo creas o no, nada más lejos de la realidad.  Esa es una discusión imposible e inútil. Nadie tiene la razón porque no existe lo normal.  La razón no aplica porque los límites son algo personal y que puede cambiar en cualquier momento. Yo puedo tener frío en verano porque mi cuerpo está enfermo, por ejemplo, aunque no sea lo normal.

Aprender a escucharnos

Entonces, ¿cómo saber qué está bien y qué está mal para mí y cómo expresarlo adecuadamente? (sin matar moscas a cañonazos). Es esencial aprender a sentir, confiar, validar y expresar tanto nuestros límites como nuestros deseos. 

El cuerpo es un gran maestro en cuanto a límites y deseos.  Tenemos que reaprender a escuchar a esa parte animal para poder estar en contacto con ellos. Todos hemos sido transgredidos en nuestros límites en mayor o menor medida, especialmente de niñ@s, cuando no teníamos la capacidad de entenderlos ni de expresarlos.  Eso hizo que nos desconectáramos del cuerpo para no sentir el dolor o la incomodidad. Por eso,  a veces nuestra cabeza nos dice que algo está bien porque es lo normal o lo que se espera pero nuestro cuerpo se tensa y se cierra, pero no nos damos ni cuenta.  

A menudo es difícil decirle no a alguien que amas, o a alguien que apenas conoces pero te interesa, es algo que debes ir entrenando poco a poco. Observa las reacciones de tu cuerpo y cómo te sientes con la otra persona y no des nada por sentado sólo porque antes lo hicieras así.

La comunicación es la clave

Sé valiente y responsabilízate. Atrévete a decir realmente cuáles son tus límites y a escuchar (y respetar) cuáles son los suyos. Eso es cuidar de ti, de la otra persona y de la relación.

Acostúmbrate a hablar sobre ellos. Al principio no suele ser nada cómodo, te lo aseguro, especialmente si ninguna de las partes está acostumbrada a hacerlo. Pero si se hace con cariño y con la intención clara de sentirnos bien junt@s, no de tener razón, cada vez es más fácil y genera mucha seguridad y confianza.  Cuando conozco tus “noes” puedo confiar plenamente en tus “síes.” Si nunca me dices que no, tengo que estar adivinando e interpretando porque me va a salir caro si no es un sí verdadero, aunque no sea tu intención, pues te vas a resentir más tarde.

Por eso es importante que no asumas ni des nada por sentado. Ni sobre tus límites ni sobre los de la otra persona, especialmente los de tu pareja. Si no has tenido una conversación abierta sobre sus límites, sean los que sean (desde quién dobla la ropa hasta si le apetece que le metas mano), entonces probablemente estés inventando lo que está bien y lo que no para la otra persona. Los límites son personales y varían en función del momento. Se le permite tenerlos, sean los que sean, y se le permite cambiarlos. La responsabilidad de comunicarlos recae en cada un@, cada vez. 

“No, no quiero esto” o “Sí, quiero aquello” es una conversación en constante cambio. Tu objetivo es discernir si en este momento eso es deseable o permisible para ti. Y luego expresarlo con claridad, sin acalorarte y sin apego. Eso le va a dar confianza a la otra persona, y no tendrá que andar “escaneándote” para saber si acierta.

Está bien cambiar de opinión

Puede suceder que los límites que fueron importantes para ti hayan desaparecido. Fueron esenciales para generar confianza, pero una vez que han sido respetados ya no los necesitas. La situación o la persona ya no los requieren porque te sientes segur@.  

También puede suceder al revés.  Hubo posibilidades que no consideraste o que diste por sentadas que hacen que requieras ampliar tus límites. Tienes derecho a cambiar de opinión.  Por ejemplo, “te dije que sí a ayudarte con esto pero pensé que habríamos terminado en una hora y tengo que marcharme porque tengo otro compromiso”. 

Los límites en la intimidad erótica

Si te apetece practicar con tu pareja estas son frases que puedes explorar

Siempre es buena idea proponer el tema de conversación antes de lanzarte y preparar el terreno para una conversación que podría ser delicada.  Por ejemplo:   “Me gustaría que habláramos sobre nuestra intimidad sexual para conocernos mejor/salir de la rutina/mejorar nuestra intimidad. ¿Es este un buen momento para ti? ¿Cuándo te apetecería hablar del tema?”

Si tú propones la conversación está bien que empieces tú y lo hagas con delicadeza y destacando algo positivo. Por ejemplo: “Me cuesta hablar de ello y te pediría que seamos amables y nos digamos las cosas con honestidad y cariño. Al fin y al cabo lo que queremos es estar aún mejor.”

“La mejor parte de nuestra conexión en el sexo es…..”

“Algo que disfruto mucho es cuando me…..”

“Algo que podría ser mejor para mí es….. (no me gusta tal cosa así pero es agradable cuando es asá)”

“Me gustaría experimentar con….. ¿Estarías dispuest@?

“Tengo miedo a intentar/me incomoda….. y me gustaría hablar de ello contigo”.

Una vez hayas expuesto tus deseos y tus límites, le invitas a hacer lo mismo. Por ejemplo: “Ahora me gustaría escucharte a tí. ¿Tienes algún consejo para mí? ¿Qué es lo que más te gusta? ¿Hay algo que te gustaría que fuera diferente?

Es importante entender que no es una negociación sinó un compartir.  Los límites no se negocian.  Te gusta lo que te gusta.  Entramos en consentimiento cuando a continuación, pactamos lo que queremos hacer o compartir a partir de esa información.

El reto de este ejercicio es revisar y tomar responsabilidad sobre tus deseos y límites y eso puede ser difícil y muy vulnerable por todos los condicionamientos adquiridos y las heridas emocionales que aún no se han sanado. A veces necesitamos ayuda y herramientas para hacerlo como las que nos da la Rueda del Consentimiento.

Para conocer más sobre tu deseo auténtico, tus límites y cómo expresarlos, no te pierdas el Taller Contacto Consentido o los retiros de Tantra.



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